Sueños de Palestina
Un homenaje a la narración oral
Ese día hacía mucho frío y no paraba de llover.
Hoy no pudimos salir a faenar al campo. Toda la familia está reunida alrededor del fuego.
Después de comer la abuela sacó los higos secos y las nueces. Eso era un indicio de que tocaba una historia narrada por la abuela.
Los nietos al verla, corren hacia ella y con ojos abiertos como platos escuchan con gran atención.
La abuela apenas sabe leer ni escribir, pero cuenta las historias que su madre y su abuela contaban con tanto detalle. Es impresionante cómo cambia las voces de los personajes y recrea los sonidos del viento y la lluvia, los sonidos de animales y de los objetos.
Hoy toca la lección de cómo hay que compartir de forma equitativa el agua cuando hay escasez también con los vecinos de nuestro pueblo, como una gran familia.
La semana pasada tocó la historia de cómo un olivo unió a la familia del abuelo, con la de la abuela. Una declaración de amor llena de metáforas, que hizo sonrojar a mi hermana mediana. No perdió ni un sólo momento la atención.
Cuando la abuela termina, todos agradecemos esas lecciones de vida con gran cariño y respeto.
Me gusta imaginar cuando seremos nosotras las que contemos las historias, rodeadas de nuestros hijos e hijas, nietos y nietas.
Espero que nunca se pierda esta tradición.
No hay comentarios:
Publicar un comentario