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miércoles, 4 de septiembre de 2024

V Concurso de Microrrelatos de Gadis Supermercados 2024

Mamá 

Aquel inicio fue, como cualquier inicio. 
Lleno de entusiasmo y miedo, de ganas y mucha voluntad. 
En el camino encontré piedras y toboganes, empujones y manos que me ayudaron a levantarme. Palabras de rechazo y palabras de aliento. 
Tú nunca dejaste que me desanimara, que me apartara de mis sueños y metas. 
Cuando creía no poder más, allí estabas tú. 
Esa mirada tranquila y sonrisa tierna, abrazo eterno y beso dulce que me llenaba de amor infinito. 
Ahora que no estás, cierro los ojos e imagino tus labios susurrando estas palabras:
"Siempre estarás delante de aquellos que no lo intentan"

domingo, 21 de julio de 2019

Esferas Negras (Capitulo 3)


Capitulo 3

Creo que la idea del café no fue buena, tenía ahora el pulso como para robar pandereteas…. Me era imposible ordenar alguna estantería sin que se me cayera algún libro. Estaba siendo algo incómodo porque no paraban de mirarme los que estaban allí sentados estudiando o consultando algún libro, porque les estaba molestando.
Así que tuve que dejar de hacer lo que estaba haciendo y me dedique a mirar los libros de las estanterías y ver si estaban bien colocados por orden, etc.
Colocando unos libros de repente por detrás de ellos aparecieron unos ojos inquietantes que me miraban fijamente y en voz susurrante me dijo:
-          Por fin te encuentro…
Mi reacción fue dar un brinco hacia atrás con un grito ahogado. Mi torpeza me hizo caer de culo y que varios libros me cayeran encima.
Nerviosa miré a la estantería pero ya los ojos no se encontraban, entonces miré hacia los lados inquieta mientras me levantaba y recogía los libros que habían caído.
Tenía el pulso tan acelerado que notaba como bombeaba la sangre en mis oídos, y cómo mi corazón iba a salirse del pecho.
Entrando por el pasillo vi a la Bella Amapola acercarse de la mano de su madre. La niña venía dando saltitos sonriendo y la madre con paso pausado me miraba fijamente y pude leer en sus labios que me decía :“Tranquila”.
-          Disculpa, estoy buscando un libro, dijo en voz media.
Yo la miré con ojos de no entender nada pero cogí el papel que me ofrecía de su mano. En él ponía unos números de nuestro archivo y sin decir nada me dirigí a ese estante.
La Bella Amapola iba tarareando en bajito y dando saltitos de felicidad. En el silencio de la sala, a pesar de su delicadeza, tronaban demasiado y la madre tuvo que regañarla. La niña con una sonrisilla imito a su madre poniéndose el dedo índice en los labios con gesto de silencio.
Llegamos al estante y busqué la numeración. Estábamos en una parte de la biblioteca poco concurrida. Le di el libro y la pregunté:
-          ¿Es este el que está buscando?
Ella lo examinó y afirmó con la cabeza .Miró hacia los lados y me dijo:
-          No tenemos mucho tiempo y tengo que darte instrucciones…¿Ves este libro? Será nuestra forma de comunicarnos. Así que no lo prestéis, hay dos ejemplares más para dejar. En la página 77 dejaré una nota cuando necesite comunicarme contigo. Y tú harás lo mismo cuando tú lo necesites. No estás sola, somos muchos y muy bien organizados. Tenemos que irnos, hasta luego.

Memoricé el número del libro y su título para avisar a mis compañeros.
Parecía que estábamos solos y va a ser que no….

Al final del pasillo me encontré a Fabián haciéndome señas para que me acercase. Llevaba una caja bajo el brazo. Nos reunió a los tres en el mostrador de la entrada que en ese momento apenas había gente.
-          Chicas han llegado nuestra nueva forma de comunicación.( Parecía  un chiquillo sacando un juguete nuevo).
Parecía un sistema sencillo. Unos pinganillos inalámbricos con una caja donde se cargaban y una aplicación que te instalabas en el móvil. Mientras nos lo explicaba nos pidió nuestros móviles al que instaló la aplicación en pocos minutos.

-          Fabián cada día me sorprendes más. No sabía tu afición a estas tecnologías. Llevas un móvil sin whatsApp del año de la Tana, le dije

-          Por eso me he tenido que comprar este móvil de última generación.

Nos mostró otra caja. Las dos nos miramos sin poder aguantar la risa. Parecía un presentador de Teletienda mostrándonos el producto y con ese movimiento de manos tan característico.
-          Vaya dos tontas, y se echó a reír también.

Ahora sólo faltaba probar el sistema.

Cada uno de nosotros fuimos a un lado de la biblioteca.
-          Tendremos que pensar en alguna palabra clave. Y ponernos un nombre más corto. Dijo Fabián.
-          Anda que no has vito películas, dijo Laura. Pero tienes razón.
-           Chicos tengo que deciros algo importante. Vino a verme la Bella amapola con su madre. Dije
-          ¿Bella amapola? Preguntó Fabián.
-          Si, la madre y la niña que me dieron la bolsa roja con las esferas, dije
-          ¿Cómo? ¿Cuándo? Dijo Fabián.
-          Hace diez minutos. Me dijo que nos comunicaríamos a través del libro: “ Tú, para siempre 
Hay tres ejemplares, el que tiene el número “ TPS-dl129“
Así que atentos que nadie se lo lleve.
Lo devolverá en el mostrador ella, cuando haya algo importante que decirnos.
Dijo que estaban muy bien organizados y que estaríamos en contacto. Les dije.
-          Lo tengo yo chicos, dijo Laura. Lo llevo en el carro para colocar.
-          Mira la página 77, dije nerviosa.
-          Sí, hay un papel escrito, dijo Laura.
-          Qué pone? Dijimos a la vez Fabián y Yo.
-          Una dirección y una hora: C/ San Lamberto  nº16  local 3-4 a las 21.00 h , dijo Laura.
-          ¿Hoy?, preguntó Fabián.
-          Se supone que será hoy, si no hubiese puesto una fecha. Dije.
-          ¿Pone algo más? Pregunte.
-          Espera … por detrás pone: Ven con tus compañeros. Dijo Laura. Esto se pone interesante dijo con un pequeño grito como los de Chiquito.
-          Tú si que eres peliculera Laura, dijo Fabián. Hay que tomárselo en serio, no es un juego chicas.
-          Lo sé, lo sé... respondió en tono serio Laura

Pasó la tarde deprisa y no hubo nada fuera de lo normal. Sólo gente consultando libros, estudiando, haciendo trabajos…lo normal en una biblioteca.
Llegaron las 20:30 y cerramos a cal y canto. Apenas hablamos entre nosotros, estábamos nerviosos y se palpaba en el ambiente.
La calle pillaba cerca y casi llegando paré en seco y les dije a mis compañeros:
-          Lo siento chicos por meteros en este lío. Estáis a tiempo de dar marcha atrás….. Yo reconozco tener miedo.
-          Estamos contigo, dijo Fabián tocándome el brazo.
-          Si, querida, estamos contigo, dijo Laura, sacando unas gafas y un gorro como forma de camuflaje.
Era tan graciosa a veces con esos toques de humor peliculero y lo más gracioso es que lo decía muy en serio. Yo en esos casos intentaba no reírme para que no se sintiera ofendida, aunque ella acababa mirándome con una sonrisa de oreja a oreja muy orgullosa de ser como era.

El número de la calle daba a una rampa con una verja un poco oxidada y que chirriaba bastante. Nos adentramos y al final a la izquierda había una puerta de metal negra que estaba cerrada.
Fabián muy decidido dio tres toques y nos quedamos en silencio. A los pocos segundos se abrió la puerta lentamente.
Allí estaba la mamá de la Bella Amapola que nos hizo un gesto apresurado para que pasáramos y miró a la calle antes de cerrar para ver si nos había seguido alguien. 

Ese lugar era una especie de almacén, había cajas flight Case de todos los tamaños en estantes bien ordenador. Nos hizo pasar al fondo a la izquierda atravesando un despacho y luego más a la izquierda donde había dos puertas. Una era un aseo y la otra daba a unas escaleras que bajaban.
Se oían murmullos mientras íbamos bajando.

¿Nos estaríamos metiendo en la boca del lobo? Pensé.

  

martes, 6 de febrero de 2018

Esferas Negras (Capitulo 2)

Capitulo 2

Con voz grave y muy serio Fabián dijo:
-          Este es el libro de las Almas Atormentadas de primera y única edición, con sólo diez ejemplares en el mundo….
Miraba el libro con admiración. Una admiración tan grande que le temblaban las manos y hacia que sus ojos brillasen. Era como un arqueólogo encontrando un tesoro.
Lo dejó encima de  una de las mesas y nos miró, mientras cogía aire muy profundamente.
-          Chicas… ¿ Preparadas para conocer uno de los mayores secretos de la historia?.
Su sonrisa era tan grande, que la expresión de sonrisa de oreja a oreja había sido sacada de alguna cara así. Su siguiente frase nos dejó bastante intrigadas.
-          Mi abuelo tenía razón cuando me contaba esas historias….no eran cuentos….era de verdad.
Cogió el libro con cuidado y nos lo mostró diciéndonos:
-          Veis este libro? Lo traje yo hace cosas de dos meses, era de mi abuelo y me lo regaló a los 10 años. Él me contaba historias referente a este libro y a esas canicas negras o mejor dicho…A las atrapa almas atormentadas. Me dio pena donarlo a la biblioteca pero, creía que era un libro de historias fantásticas y ciencias ocultas…  Pero ahora, este libro no puede estar aquí, sería peligroso para nosotros y sobre todo para ti Patricia.
Al terminar la frase me miró fijamente y me ofreció el libro.
-          Te pertenece Ahora.
Yo asustada y con cara de terror dije:
-          ¿En que lio me he metido? ¿Y qué hago con esto ahora?
-          No te preocupes, estamos contigo, dijo Fabián.
-          ¿Cómo? ¿Quiénes? dijo Laura.
Fabián la miró fijamente y ajustándose bien las gafas dijo:
-          NOSOTROS. Es importante que creamos el círculo. Cada uno tiene su labor y los tres juntos estaremos protegidos de ellos…
-          ¿de ellos? ¿Quiénes? Dijimos al unísono Laura y Yo.
La carne se me puso de gallina….

Fabián rebusco entre las hojas y con el dedo índice siguiendo las letras empezó a leer en alto:
-          Para una protección completa y efectiva, es necesarios que el grupo sea de tres personas. El portador de las Esferas, el liberador de Almas y el vigilante de la Horda del Limbo.
El portador delas esferas, se encarga de guardar las esferas negras y de crear nuevas esferas con el ritual de creación de portales. Sólo esa persona lo puede conocer y aprenderá de memoria. Sólo podrá desvelar su secreto a un nuevo portador de esferas elegido por estas.
La esfera se vuelve azulada cuando esa persona la coge o está en contacto con ella.
Se portaran en una bolsa roja de terciopelo, que será bendecida por un cura.
El cura será conocedor de esta misión. Tienen una marca en el cuerpo, situada en el pecho.

Esta es la marca.

 


Sólo la mostrará, al portador de la bolsa roja, cuando este pida la bendición de la misma y después de hacerle las tres preguntas que sólo esta persona sabrá contestar.
Por motivos de seguridad no se revelan esas preguntas ni las respuestas.
Los elegidos para ser portadores sabrán contestarlas sin ningún problema y serán los encargados de guardar este libro, en un sitio seguro.



El liberador de Almas, será la persona que lleve la esfera a la persona afectada. Esa persona la indicara el Portador, ya que él verá esas almas aferradas a los vivos.
Tendrá que hacer que estas personas cojan la esfera y la mire. Son tres segundos.
Esta esfera negra se volverá roja cuando el portal se haya cerrado, sin vuelta atrás.
En ese momento la canica sólo será un adorno y carecerá de valor alguno.

El Vigilante de la horda del Limbo, tendrá que estar atento de que ninguno de estos, pueda estar presente. Podría ser muy peligroso.
Estos miembros son los ojeadores, los turbadores y los demonios.

o   Ojeadores: Vigilan a los humanos, en hospitales, los geriátricos, hospicios, piscinas, centros deportivos, playa, calles…. Suelen estar por todas partes. Son seres afables y aparentan amabilidad. Cuando llega el momento se ofrecen a llevarte al otro lado. Avisan a los turbadores.
o   Turbadores: No dejan ver la luz a las almas del Limbo y las atan a familiares o amigos que sufren su perdida. Al atar el alma al humano que les echa de menos, se genera una energía que alimenta y da fuerza a los demonios del Limbo.
o   Demonios: Hacen que las personas hagan el mal, les alimentan de odio, venganza, violencia gratuita, hasta convertirlos en seres malignos y mandarles al infierno para la eternidad.

El sonido del teléfono hizo que paráramos de leer y nos quedáramos en silencio.
-          Yo lo cojo, dijo Fabián.
Atendió la llamada muy serenamente y colgó. Miró su reloj y nos dijo:
-          Tenemos que darnos prisa en 10 minutos hay que abrir las puertas al público.
-          ¿Cómo hacemos? Dijo Laura, Yo creo que yo puedo entregar las esferas, tú Fabián, serías el Vigilante y tú Patricia la portadora de las esferas……
-          Como hay que estar todos juntos, actuaremos sólo en la biblioteca por ahora, dijo Fabián. Revisa la bolsa para saber cuántas esferas hay. Tenemos que buscar una iglesia con un cura que sea del círculo de las esferas negras. Necesitamos unos intercomunicadores como los detectives para poder comunicarnos entre nosotros y un lugar donde guardar el Libro….
-          Chicos os veo muy tranquilos….dije con voz temblorosa….
-          ¡Esto es una pasada! , dijo Laura, es como estar en una novela o en una película….
-          Busca un sitio para guardar el libro y luego hablamos. Sólo tú tienes que saber dónde está, Patricia.
-          Ok, dije.

Salimos de la sala. Había que aparentar normalidad y abrir ya las puertas.

¿Era un sueño? ¿Una pesadilla?.....Lo que sí tenía claro es que necesitaba un café, un café bien cargadito, y eso que había dejado la cafeína…

jueves, 25 de enero de 2018

Esferas negras (Versión extendida Capitulo 1)

Esferas Negras_Patricia Nevado

Todas las mañanas a las 8:00 pm cogía el metro, tenía suerte y siempre pillaba el mismo sitio, en la esquina. Desde allí se veía todo el vagón.
Justo en la cuarta parada, subían siempre una madre con su niña de apenas 4 años que curiosamente siempre llevaba una prenda roja, ya fuese abrigo, rebeca, vestido….. Yo la llamaba “La Bella Amapola”.

Se sentaban siempre en los asiento de enfrente. Siempre llevaba unas canicas en su bolsillo, que a veces  regalaba con una sonrisa a algún pasajero. Al principio me parecía gracioso y adorable, pero al ver lo que sucedía después empecé a intrigarme.
No había hablado nunca con ellas y creía que debía hacerlo más por mi salud mental, que me hacía ver cosas extrañas últimamente.
La situación me intrigaba, no siempre, sólo a veces, la niña se acercaba a algún pasajero con permiso de su madre y con su manita le ofrecía una canica negra, con una sonrisa la niña decía:
-Es mágica, te la regalo
Entonces la persona la cogía, con mirada triste y sin muchas ganas, cerraba la mano y la niña se volvía a su asiento con su madre. No paraba de mirar a la persona con una sonrisa y la persona la respondía .Al abrir la mano la canica ya no era negra, sino de colores brillantes. El rostro de la persona triste y amargada cambiaba radicalmente a sonrosado y ligeramente feliz.

A la  mañana siguiente cuando cogí el metro me senté en los asientos donde ellas se sentaban, para poder preguntarlas sobre el tema.
Era una tontería pero me sentía nerviosa, no podía parar de mover las piernas y mirar la hora.
Llegó la parada donde se subían…. ¡Hay madre que nervios!
Allí estaban las dos…. la niña miró el asiento donde me suelo sentar y frunció el ceño, pero al verme en los asientos donde ellas se sentaban, sonrió.

Saludé en voz baja:
-Buenos días Bella Amapola….
La niña me miró y se le iluminaron las mejillas. Entonces pregunté:
-¿Son mágicas tus canicas?
La niña miró a su madre que asintió, y respondió:
-Si
-¿qué magia tienen? Le pregunté
La madre me miró y con voz muy calmada y suave dijo:
-Absorben las almas perdidas que nos atormentan y las mandan al lugar donde deben estar.
Ahora fui yo quién frunció el ceño….
La niña me cogió de la mano y dijo:
-Mira a tu alrededor.
Ya habían subido varias personas pero, había más gente de lo normal.
La niña me indicó que mirara a una mujer rubia que estaba de pie mirando por la ventanilla. A su lado se encontraba un señor sin color, como una foto en blanco y negro…
La niña se levantó  agarrándome de la mano y fuimos hasta la mujer, con una sonrisa la niña abrió la mano y le ofreció la canica a la señora:
-es mágica, te la regalo
La mujer la cogió y el señor extraño, como en una película, se metió como humo negro en la canica. La mujer cerró la mano y nosotras nos fuimos a nuestros asientos .Abrió la mano para mirar la canica, había cambiado de color, sonrió y nos miró. Su rostro era otro, alegre y sonrosado.
La luz brillante de la canica entonces se desvaneció y se volvió roja.
La niña entonces dijo:
-¡ya está libre!
- Ya no hay vuelta atrás, ya eres portadora de las esferas.
La madre sacó un saquito de color rojo de terciopelo y me lo puso en la mano.
-Ahora te toca a ti liberar almas atormentadas.

Llegó mi parada y me bajé.
Mi cara era de pasmo absoluto y me daba la impresión de que la gente iba más deprisa de lo normal…o yo iba más lenta. Miré a mí alrededor, todo había cambiado, los colores eran diferentes, las personas eran diferentes… ¡Qué estaba pasándome!.

Al girar a mí alrededor choqué con varias personas, tenía que salir de allí lo antes posible.
Todavía tenía en mis manos el saquito con las canicas negras y me lo guardé en el bolsillo donde solía guardar las cosas de valor, para que los carteristas no me lo quitaran.

Como pude salí de allí. Al subir el último escalón de la salida del metro respiré profundamente y me coloque la capucha como si eso me fuera hacer invisible.
El camino hasta mi trabajo era relativamente corto, unos siete minutos a paso normal. Pero esta vez llegue en cinco, supongo que entre los nervios y las ganas de ir al baño que me habían entrado…
Pasé directamente al servicio, me lavé las manos y me miré al espejo. Yo también era diferente, mi cara no había cambiado, era como si reflejara una luz y mis ojos, como si tuvieran una luz interior de color morada. Me mojé la cara  para refrescarme un poco las ideas. Salí y me dirigí a mi puesto de trabajo.
Allí estaban mis compañeros, Laura y Fabián. Llevaba ya siete años trabajando con ellos y la verdad que había tenido mucha suerte, eran buena gente y un poco locos como yo. Con Laura, castaña de pelo rizado siempre alborotado y ojos marrones, mediana altura como yo, podía llorar de la risa, sólo con mirarnos desde una esquina a la otra de la biblioteca. Y con Fabián, moreno de piel, pelo negro, con gafas, delgadito y diez centímetros más alto que yo, había que tener cuidado de no contarle algo gracioso por su escandalosa risa como la mía.
Yo creo que somos la biblioteca pública más simpática de toda la provincia. Porque normalmente cuando vas a una, los que te atienden tienen cara mustia  y son un poco siesos…o eso me ha parecido a mí cuando iba en mi juventud a estudiar…

Creo que es hora de presentarme, mi nombre es Patricia y tengo ya 35 añitos recién cumplidos, estatura media, pelo negro largo con flequillo, gafas y ojos pardos. He cogido un poco de peso estos últimos años pero nada exagerado…siempre digo que me pondré hacer ejercicio pero nunca saco tiempo, me lio con otras cosas…
Bueno a lo que estábamos, llevo trabajando en esta biblioteca siete años y mira que he leído libros y nunca nada parecido a lo que me había sucedido hoy. No sabía si contárselo a mis compañeros o qué hacer. ¿Que iban a pensar de mí?.

Fui a colocar el carro de libros que devolvieron ayer tarde, hoy no hubo discusión a quién le tocaba, cosa que a Fabián no se le pasó por alto, y mientras me alejaba le oí preguntarme;
-          ¿Qué te pasa?
-          ¿A mí, nada…., por? Le respondí  sin mirar hacia atrás.
Le dejé con la palabra en la boca al pobre, pero es que no tenía ganas de hablar con nadie, tenía que pensar lo que iba hacer a partir de ahora. Me encontraba muy perdida, no sabía qué hacer.

Pasó la mañana relativamente deprisa. Mis compañeros estaban mosqueados conmigo y les pillé varias veces haciéndose gestos entre ellos. Al final paré de ordenar y le dije:
-          Perdonarme pero estoy bien, de verdad. Hoy me ha pasado algo raro en el metro, pero nada más. Estoy cansada de toda la semana, menos mal que hoy es viernes.
Fabián carraspeó y me dijo:
-          No quiero aguarte el día pero, mañana sábado te toca la guardia a ti para recolocar la parte antigua.
-          Pufffff, se me escapó en alto.
-          ¿Seguro que estás bien? Preguntó esta vez Laura.
-          Si si, de verdad… les dije.
-          Anda vamos a comer algo ya y que se quede Fabián al mando, dijo Laura.
-          Eso, iros ya petardas, que yo me quedo aquí, que ya cogí la directa de que sobro… dijo Fabián con cara de niño con pucheritos.
-          No sobras….ya lo sabes, dijo Laura.
-          Venga iros ya, os dejo 45 minutos, dijo Fabián levantando la ceja y mirándonos por encima de las gafas.
Cogimos nuestros tupper y nos fuimos al pequeño comedor que tenemos.
Calentamos la comida en el microondas y nos colocamos en la mesa. Sólo se nos oía masticar y tragar, hasta que Laura me  preguntó:
-          ¿Me lo vas a contar o qué?
-          ….de verdad ,no es nada…. respondí
-          ¿Qué te ha pasado en el metro? Me preguntó Laura con el ceño fruncido y sin dejar de pestañear.
-          ¿…en el metro?... respondí intentando disimular.
-          ¡Patricia! Por favor cuéntame. No te habrán robado, metido mano…
Sin querer escupí el agua que acababa de beber como un sifón, casi en toda su cara.
-          ¡La madre que te parió! Grito, con cara de aguantarse de la risa para parecer seria.
-          Perdona, perdona… ¿es que me preguntas unas cosas?, pero no, no es nada de eso. Y creo que si te lo cuento vas a pensar que estoy loca. Además no sé si me he pasado en realidad o me lo he imaginado.
Me levanté para buscar en mi abrigo el  saco de canicas, mientras Laura se limpiaba el agua que le había escupido sin querer. Lo cogí y me acerqué a enseñárselo.

-          ¿Ves esto? Me lo han dado en el metro.
Lo abrí y saque una de las canicas. En ese momento sólo al tocarla empecé a ver los colores diferentes. El rostro de mi compañera y sus ojos, desprendían el mismo color que el mío.

-          ¿Canicas? Respondió Laura, ¿Qué tienen en particular?, dijo con cara de no entender nada.
-          Son mágicas, son esferas que atrapan almas atormentadas. Dije mirando la esfera fijamente. Se veía una luz en su interior  que hipnotizaba.
La cara de Laura era como de asombro y terror, hasta que de repente soltó una carcajada que hizo que Fabián se asomara por la puerta.
-          Luego decís de mi risa, ¿qué pasa aquí chicas?, ¿no estabais hablando de algo serio o……qué….?
Se paró en seco cuando vio las esferas negras y dijo en alto:
-          Atrapa almas atormentadas…………….
Sus ojos se abrieron más de lo normal y sin querer tocarlas se acercó a mirarlas muy de cerca. Después miro hacia la puerta y se dirigió a cerrarla y con una cara de pánico dijo:
-          ¡¡¡¡Guárdalas de inmediato!!!! Corre!!!
Yo me levente de un respingo y guarde la esfera. Laura me miro y luego miro a Fabián repetidamente y con el tenedor en la mano lo levantó como si estuviese en una clase y pidiera permiso para hablar, hasta que dijo:
-          ¿Qué está pasando aquí? Me estáis acojonando.
Rápidamente Fabián salió de la sala. Nosotras fuimos detrás. Miró por todos los pasillos de la biblioteca minuciosamente. Al intentar preguntarle se giró  hacia nosotras con el dedo índice en los labios, como la típica expresión de mandar callar. Nunca le habíamos visto así, tan serio y preocupado. Revisamos toda la biblioteca y ya no había nadie. Normalmente a la hora de comer se vaciaba y empezaban a venir a partir de las cuatro y media o cinco. Cerró las dos puertas con llave y nos llevó a la zona que me tocaba colocar en mi guarda de mañana. Allí rebuscó entre unas cajas, en las estanterías, hasta que encontró un libro bastante antiguo de pastas de cuero de color negro. Nunca había visto ese libro .

Continuara…….
-           


















martes, 23 de enero de 2018

Esferas Negras (Relato Corto)

Esferas Negras_Patricia Nevado

Todas las mañanas a las 8:00 pm cogía el metro, tenía suerte y siempre pillaba el mismo sitio, en la esquina. Desde allí se veía todo el vagón.
Justo en la cuarta parada, subían siempre una madre con su niña de apenas 4 años que curiosamente siempre llevaba una prenda roja, ya fuese abrigo, rebeca, vestido….. Yo la llamaba “La Bella Amapola”.

Se sentaban siempre en los asiento de enfrente. Siempre llevaba unas canicas en su bolsillo, que a veces  regalaba con una sonrisa a algún pasajero. Al principio me parecía gracioso y adorable, pero al ver lo que sucedía después empecé a intrigarme.
No había hablado nunca con ellas y creía que debía hacerlo más por mi salud mental, que me hacía ver cosas extrañas últimamente.
La situación me intrigaba, no siempre, sólo a veces, la niña se acercaba a algún pasajero con permiso de su madre y con su manita le ofrecía una canica negra, con una sonrisa la niña decía:
-Es mágica, te la regalo
Entonces la persona la cogía, con mirada triste y sin muchas ganas, cerraba la mano y la niña se volvía a su asiento con su madre. No paraba de mirar a la persona con una sonrisa y la persona la respondía .Al abrir la mano la canica ya no era negra, sino de colores brillantes. El rostro de la persona triste y amargada cambiaba radicalmente a sonrosado y ligeramente feliz.

A la  mañana siguiente cuando cogí el metro me senté en los asientos donde ellas se sentaban, para poder preguntarlas sobre el tema.
Era una tontería pero me sentía nerviosa, no podía parar de mover las piernas y mirar la hora.
Llegó la parada donde se subían…. ¡Hay madre que nervios!
Allí estaban las dos…. la niña miró el asiento donde me suelo sentar y frunció el ceño, pero al verme en los asientos donde ellas se sentaban, sonrió.

Saludé en voz baja:
-Buenos días Bella Amapola….
La niña me miró y se le iluminaron las mejillas. Entonces pregunté:
-¿Son mágicas tus canicas?
La niña miró a su madre que asintió, y respondió:
-Si
-¿qué magia tienen? Le pregunté
La madre me miró y con voz muy calmada y suave dijo:
-Absorben las almas perdidas que nos atormentan y las mandan al lugar donde deben estar.
Ahora fui yo quién frunció el ceño….
La niña me cogió de la mano y dijo:
-Mira a tu alrededor.
Ya habían subido varias personas pero, había más gente de lo normal.
La niña me indicó que mirara a una mujer rubia que estaba de pie mirando por la ventanilla. A su lado se encontraba un señor sin color, como una foto en blanco y negro…
La niña se levantó  agarrándome de la mano y fuimos hasta la mujer, con una sonrisa la niña abrió la mano y le ofreció la canica a la señora:
-es mágica, te la regalo
La mujer la cogió y el señor extraño, como en una película, se metió como humo negro en la canica. La mujer cerró la mano y nosotras nos fuimos a nuestros asientos .Abrió la mano para mirar la canica, había cambiado de color, sonrió y nos miró. Su rostro era otro, alegre y sonrosado.
La luz brillante de la canica entonces se desvaneció y se volvió roja.
La niña entonces dijo:
-¡ya está libre!
- Ya no hay vuelta atrás, ya eres portadora de las esferas.
La madre sacó un saquito de color rojo de terciopelo y me lo puso en la mano.

-Ahora te toca a ti liberar almas atormentadas.